viernes, 29 de enero de 2010

Y pude ver cosas que jamás había visto...

Los ojos más bellos
y la sonrisa más tierna.
Toqué el centro de la Tierra
salí de mi cuerpo y así
sola el alma
lo recorrí con calma.

Escuchaba tu voz en el tiempo
episodios del mismo momento
tu piel tocando mi cuerpo
en un hermoso encuentro.

Las manos se dislocan de los brazos
fuertes latidos en el pecho
los más deliciosos besos
¿Qué más puede sentir el deseo?

Los minutos fueron horas
a tu lado... ¿Qué importa?

No dejes de hablar
he imaginado el lugar
juntos en la oscuridad
por siempre en el sueño
hasta la eternidad...

martes, 26 de enero de 2010

Bostezos impacientes.

Cabezitas que no me dejan ver el pizarrón, al frente, una voz que escucho sin pasión.

Miradas somnolientas, es imposible poner atención.

La mente en otra parte, querré decir, con alguien.

Cierro los ojos por un momento y sigo escuchando la voz, pero a ésta se le han unido ruidos que provienen del interior.

Sonidos de gis golpeando el pizarrón y un silencio incómodo cruza el salón.

Despierto del letargo, colores psicodélicos frente mis pupilas, plumas caminando sobre los cuadernos y libros de Diseño se aproximan.

domingo, 24 de enero de 2010

Las flores destrozadas en el piso.

Recuerdos de aniversarios, abandonados en una bolsa. La bolsa rota por el mal uso.

Ya nada de eso importa, sólo guardaban ilusiones que hace mucho se desvanecieron.

Ahora es diferente, no más sentimientos reprimidos. Por primera vez en mucho tiempo todo es mejor.

Los peluches no tienen sentido, las joyas solo son un accesorio y los dulces han desaparecido.

Tanto tiempo guardados, grises por los años. Ahora estorban mientras que hace algún tiempo, nadie los quitaba de ese lugar.

Me daría lástima tirarlos, pero aquí ya no tienen lugar. La otra sería regresarlos, pero eso sería peor.

Lo mejor será guardarlos en el olvido, un lugar que nadie conoce, sólo la persona que olvida. Guardarlos como todas las cosas que pasaron, y que ahora significan nada.

sábado, 23 de enero de 2010

Busco entre la gente un rostro conocido, pero lo único que encuentro son miradas extrañas.

Pasan los minutos y sigo caminando, la mente en blanco sigue al cuerpo. Trato de recordar lo antes hablado, tengo miedo de haber olvidado los detalles. Creo poder recordar los diez números, los leo una y otra vez, pero no sirve de nada porque nunca antes los había visto.

A pesar de todo lo que pasa, no lo puedo sacar de mi cabeza, siento haberle fallado por cambiar de opinión.

Sigo esperando a que desaparezcan las caras desconocidas, haber si así lo encuentro. Entonces trato de recordar la hora, no creo que fuera en la noche, eso ya sería demasiado.

Oh! Dios... Ahora recuerdo esos hermosos ojos color canela, los bien definidos rizos en el mejor color de cabello y la delirante voz.

Entonces aguardo un momento, interesantes miradas chocan contra la mía, y pienso que sería mejor que esa hora no se acercara.

viernes, 22 de enero de 2010

Días enteros sin saber de tu vida, me hacen pensar qué hizo que me enamorara de ti.

Pudo haber sido esos hermosos ojos, donde por unas cuantas horas se reflejó mi rostro.
Tal vez esa linda sonrisa, que no ocultaba lo bien que te sentías.
O qué decir del delicioso cuerpo, no perfecto, porque ¿Quién conoce la perfección?

Aún precioso, podría ser que la respuesta estuviera en la acción.

Qué tal las sinceras palabras, diciendome así, qué pensabas de la vida y aunque odio el egocentrísmo, no puedo negar que me cautivó tu cinismo.

Quzás fue el sentido del humor, aunque algo lento pero muy bueno para el entendedor.
Pudo haber sido tu simpática inteligencia o tu hermosa cabellera. Y ni qué decir de esa voz al hablar.

A todo esto, creo que no paré de charlar, pero ya. Pensandolo bien, fue ese bello color tostado que reflejaba tu piel.

jueves, 21 de enero de 2010

El cuerpo tendido en la cama.

La mitad de la cara sobre de las manos, la respiración es rápida e interrumpida por el llanto. Las lágrimas recorren la nariz y se pierden en la boca. Las manos temblorosas esperan a que pase el dolor, no lo recordaba, pero lo había sentido al terminar de jugar baloncesto. Entumidas y rígidas, hinchadas de haber golpeado algo que se quiere.

Una pierna sobre sale de la cama y siente tensión en la rodilla.

La cabeza aunque adolorida, no deja de pensar en lo sucedido, no cree que ésta sea la forma correcta de solucionar las cosas. El pulso regado en manos, brazos y cabeza se hace menos notorio.

Los ojos aún húmedos se entrecierran, pareciera que las lágrimas los arrullaran. El dolor en la nuca se hace más fuerte. Lo peor de todo es la sensación de vergüenza y rencor.

Entonces la vista cansada le pide al cuerpo que la deje descansar, cerrando así, los ojos, tranquilizándose, subiendo la pierna a la cama y apoyando ahora la cabeza en el brazo izquierdo.


miércoles, 20 de enero de 2010

Me duele el hemisferio izquierdo del cerebro, entonces trato de recordar cómo sé que se llama así. Pienso en él, ¿Estará duermiendo? (bueno, por la hora yo creo que si) ¿Por qué no contestará mis mensajes?

Los movimientos de mis dos acompañantes me molestan demasiado. Él aunque pequeño y delgado, tiene mucha fuerza en piernas y brazos al moverse, lo más curioso es el rechinido de los dientes. Se rasca en el sueño sin dejar de dar patadas, está incómodo (no más que yo) aunque no me gustaría dormir en medio de dos mujeres en una pequeña cama. Sigue rascandose las palmas de las manos. Y aún dormido tiene esa horrible manía de morderse las uñas. La otra, tiene una respiración pesada, como de un sueño mortal, de cuando haces ruido o la mueves y ni reacciona, y a ratos suelta pequeños gemidos. No se mueve como aquel.

Los veo y tengo ganas de dormir como ellos, sin embargo, estoy aquí escribiendo lo que veo.