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miércoles, 27 de abril de 2011

Bésame...
bésame sin mirarme
bésame sin que te pueda mirar.

Mírame
mírame como si me quisieras
mírame como si me quisieras besar.

Bésame
bésame como en mis sueños
bésame como si quisieras soñar.

Suéñame
Suéñame aún estando despierto
Suéñame empezandote a amar

Ámame
Ámame como puedas, dejándote amar
Ámame sin mirar al recuerdo, sin voltear hacia atras.

Y bésame al infinito, sin dejar de mirar. Mírame el alma, al dejar de besar. Y suéñame para comenzar este mal. Víveme, sin dejar de volar. Ámame... como en esta vida, no te dejaré de amar jamás.

lunes, 4 de abril de 2011

Hablar, hablar... sólo un par de veces, pero cuando lo hicimos, lo hicimos con las mejores palabras que habríamos de pronunciar. No sólo el contacto visual, algo mucho más simple; el decir nada y signicar todo o el decir todo sin significar algo realmente. Decíamos las palabras más francas o las mentiras más ciertas, las verdades mejor ocultas y las más bellas frases, leídas letra por letra desde el dulce encanto de sus deliciosos labios de algodón.

Pero lo nuestro, lo nuestro era algo mucho más tangible, más vívido, que si acababa en ese instante podría quedarse en mi memoria por el resto de mi vida, en el suspiro que es la vida, en el suspiro que hubo al revelar su destino, tarde o temprano, rosa o morado, lejos o cerca de mí. Las caricias ciegas, el olor de sus besos, el sabor de su alma y el amor de la mía. El sabernos locos el uno por el otro sin poder mencionarlo, pero saberlo, el sentirlo en las entrañas, en las manos, en los dedos, en el cabello hecho un desastre; en el mío o en el de él, en el de los dos, en nuestros pechos, unidos por el exceso de miel. El púrpura de los suspiros,de los que se acaban en una noche, los inesperados, los tardíos, los cortos y los largos, sus suspiros, los que podrían ser regalados, regados... robados hasta morir.

Hablar hablar... muy pocas veces, tal vez leyéndonos la mente, viviendo nuestros labios o quizás callando la mirada.

lunes, 21 de marzo de 2011

He estado queriendo escribir una historia, una historia pero no sé de qué. Una historia de locos me gustaría. No sé qué clase de locos. Locos de amor, locos de pasión... no sé qué otros locos existan. Algunos locos que conozco se ha olvidado de que están vivos, esos que caminan al lado de tí sin saber que estás ahí. Tal vez existan locos por alguna enfermedad, locos de enojo, locos como los que vi arrastrándose por los suelos. Los que gritan por nada o tal vez por todo, todo lo que está en sus mentes y yo no logro ver. Los que se sientan a esperar el mañana o los que no pueden esperar nada porque no hay nada que esperar en esos asientos fríos de hospital muerto. Los locos que parecen personas normales, hasta que les ves a los ojos, que te hacen hundirte en ellos y te dicen que te van a matar. Hay otros que miras a los ojos y no paran de reír, porque eres gracioso, porque eres la persona más ridícula, o simplemente ríen contigo, con su próxima víctima. Me gusta cuando eso pasa, me gusta sentir el miedo por los vellos de los brazos, ese miedo recorriendo tu espina dorsal hasta llegar a tu nuca y recibirlo como un respiro detrás de tí, el respiro que remueve tu cabello rápidamente. No lo sé, tal vez la loca sea yo observando con detenimiento a las personas más cuerdas que hay en este mundo y que decimos son locos.  He estado queriendo escribir una historia, una historia de...

martes, 1 de marzo de 2011

El susurro de tus labios, el dulce de tus besos, los ojos de animal curioso y las manos de conocedor.

Por qué insistes en callarte el alma, vida mía,  en encerrar tus palabras en el odioso castillo de tu temeroso amor.

No me niegues esos besos, ese respirar, tu delicioso aliento, que me bebo en un sólo suspiro, deseosa de más, mucho más de tí.

Me gustaba más la vida, donde por mí morías, donde yo por tí mataba, donde nos perdíamos entre ropas ensopadas del sudor que los cuerpos emanaban, deseosos cada día de más y más el uno del otro para llegar al fin.

No me niegues tus labios, no me niegues las miradas, que tú bien sabes que me amas y que sólo estás jugando a ver quién aguanta más.

Y no me niegues que me extrañas y que si por tí fuera estarías amándome de nuevo, no me niegues esas manos, esas caricias necesitadas del arte del amor.

Por qué insistes en alejarte de mi cuerpo, si bien sabes que me matas, que por tí la vida daba, que en cuanto des la media vuelta estaré tras tu silueta, para susurrarte al oido lo que más me gusta de tí.

lunes, 21 de febrero de 2011

Me hacía falta leer un poco. Leer en el silencio de tus ojos lo que más me gusta de tí.

Me hacía falta recorrerte a bocanadas, recorrerte las entrañas en el dulce despertar del delicioso sueño de vivir.

Me hacía falta amarte en invierno, frío temor de quererte cada día más.

Me hacía falta salir a la calle, respirar fragancias caminantes, ver ojos desconocidos,
saberte una vez más.

Me hacía falta despertar de madrugada y encontrarte en mi cama, olerte de pies a cabeza, besarte una vez más.

Me hacía falta escribirte, cien años vivirte, olvidar nuestra historia, soñarte una vez más.

jueves, 3 de febrero de 2011

Extrañándote
pero no como ayer
extrañándote
cada día más.

Extrañando tus besos
tu sabor a cielo
de nubes bordadas
con sorpresas de tí.

Extrañándote
en sueños sin miedos
tomando tu mano
alejándonos del mundo
por instantes infinitos
con aromas que me han de perseguir.

Extrañandote
reviviendo cada encuentro
que tuvimos cuando quisimos
conocernos hasta el alma
y tenernos el uno al otro
en un acertijo sin fin.

Extrañando
la forma de tus ojos
el color de tus labios
el tibio de tus manos
el calor que emanas sin recelo
mientras recorro tu cuerpo
hundiéndote en mi memoria
que no ha de parar un minuto
en recordarme a tí.

Bebiéndome el tiempo
que he dejado de verte
sin razones aparentes
que me hacen extrañarte
por la única razón
de que te quiero
y quisiera estuvieras aquí.

lunes, 31 de enero de 2011

Te propuse algo, algo sencillo pero para lo que habíamos vivido iba a ser muy complicado. Te propuse que no me olvidaras, al menos que no trataras de hacerlo, que recordaras la primera vez que estuvimos juntos, esa donde reímos sin parar por la cosa más estúpida que se nos ocurría, por nuestra dificultad para comunicarnos, pero que al final fue lo que nos había unido. Te propuse seguir queriéndome, sólo un poco, guardar por un pequeño lapso de tiempo ese sentimiento que habíamos compartido todas las noches desde que nos conocimos. Propuse ser la única mujer en tu vida, seguir sintiendome como la única a la que podías amar. Te propuse por último no hacer preguntas, llevar a cabo mis planes, esperarme hasta que yo tuviera ganas de empezarte a amar.

Sólo había dos cosas que no tomé nunca en cuenta: La primera, que cuando yo me quisiera acordar de que te quería ya habría pasado mucho tiempo y la segunda que cuando eso pasara tal vez tú ya no estarías ahí para ese cruel despertar.