martes, 1 de marzo de 2011

El susurro de tus labios, el dulce de tus besos, los ojos de animal curioso y las manos de conocedor.

Por qué insistes en callarte el alma, vida mía,  en encerrar tus palabras en el odioso castillo de tu temeroso amor.

No me niegues esos besos, ese respirar, tu delicioso aliento, que me bebo en un sólo suspiro, deseosa de más, mucho más de tí.

Me gustaba más la vida, donde por mí morías, donde yo por tí mataba, donde nos perdíamos entre ropas ensopadas del sudor que los cuerpos emanaban, deseosos cada día de más y más el uno del otro para llegar al fin.

No me niegues tus labios, no me niegues las miradas, que tú bien sabes que me amas y que sólo estás jugando a ver quién aguanta más.

Y no me niegues que me extrañas y que si por tí fuera estarías amándome de nuevo, no me niegues esas manos, esas caricias necesitadas del arte del amor.

Por qué insistes en alejarte de mi cuerpo, si bien sabes que me matas, que por tí la vida daba, que en cuanto des la media vuelta estaré tras tu silueta, para susurrarte al oido lo que más me gusta de tí.

2 comentarios:

  1. Wow¡¡¡ Sencillamente Sensacional Atte: Abraham

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  2. No-no... No tengo palabras para lo que has escrito... Esta vez, no tengo palabras...

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