lunes, 4 de abril de 2011

Hablar, hablar... sólo un par de veces, pero cuando lo hicimos, lo hicimos con las mejores palabras que habríamos de pronunciar. No sólo el contacto visual, algo mucho más simple; el decir nada y signicar todo o el decir todo sin significar algo realmente. Decíamos las palabras más francas o las mentiras más ciertas, las verdades mejor ocultas y las más bellas frases, leídas letra por letra desde el dulce encanto de sus deliciosos labios de algodón.

Pero lo nuestro, lo nuestro era algo mucho más tangible, más vívido, que si acababa en ese instante podría quedarse en mi memoria por el resto de mi vida, en el suspiro que es la vida, en el suspiro que hubo al revelar su destino, tarde o temprano, rosa o morado, lejos o cerca de mí. Las caricias ciegas, el olor de sus besos, el sabor de su alma y el amor de la mía. El sabernos locos el uno por el otro sin poder mencionarlo, pero saberlo, el sentirlo en las entrañas, en las manos, en los dedos, en el cabello hecho un desastre; en el mío o en el de él, en el de los dos, en nuestros pechos, unidos por el exceso de miel. El púrpura de los suspiros,de los que se acaban en una noche, los inesperados, los tardíos, los cortos y los largos, sus suspiros, los que podrían ser regalados, regados... robados hasta morir.

Hablar hablar... muy pocas veces, tal vez leyéndonos la mente, viviendo nuestros labios o quizás callando la mirada.

2 comentarios:

  1. Oye... Se parece mucho a mi estilo de escritura, pero con tu toque característico... Te perdono por esta vez porque en verdad me agradó, hehehehehehehehehe

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